<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-7732418</id><updated>2011-04-21T20:55:08.020+02:00</updated><title type='text'>Crónicas desde La Condal</title><subtitle type='html'>Más para mí mismo que para servir de referencia a otros, dejo este mapa que he confeccionado, en crónicas dispares, a fin de no perderme en la fascinación o el aburrimiento de habitar la urbe mítica del modernismo: Barcelona, la Ciudad Condal.</subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://miltonbcn.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7732418/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://miltonbcn.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>Milton Fermat</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02777042105665652115</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='26' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_Ljb_on0p9jM/R5h-yToiUGI/AAAAAAAAAAM/HOp8epymibw/S220/m_5d72e2a5e8c43bc31c92c62eff964d6c.jpg'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>5</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7732418.post-109213695826437183</id><published>2004-08-10T13:10:00.000+02:00</published><updated>2006-10-10T03:46:54.520+02:00</updated><title type='text'>Pongamos que hablo de Madrid</title><content type='html'>&lt;div align="left"&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;A&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;llá donde se cruzan los caminos, donde el mar no se puede concebir...&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Pongamos que hablo de Madrid&lt;/em&gt;, está entre mi lista de esas treinta Canciones que Hubiera Querido Escribir; no sólo por la universalidad implícita en el &lt;em&gt;pongamos&lt;/em&gt;, sino, más bien, por la fatalidad urbana, postmoderna y precisa que rezuma cada frase, que a pesar de haber pasado más de dos décadas desde que la oí por primera vez, siguen manteniendo intacta la evocación de una atmósfera que sólo ahora pude constrastar de cuerpo presente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su autor, Joaquín Sabina -que aunque madrileño por adopción, nació bajo el abrigo de los cerros de un lugar tan lejano como el extravío, en Úbeda, Jaén- dijo alguna vez que Madrid sigue siendo el &lt;em&gt;"poblachón manchego"&lt;/em&gt; que perfilaba Benito Pérez Galdós, quizás en &lt;em&gt;Nazarín&lt;/em&gt;. Por mi parte, siempre la recordaré como la vi la primera vez desde Moratalaz, con los ojos bien abiertos, al salir al fin por Artilleros, a la luz de un prematuro atardecer de invierno a las once y quince de la mañana: fresca, aburguesada y con sus sonidos en sordina, como la espera en la consulta de un médico bondadoso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;La muerte pasa en ambulancias blancas...&lt;/em&gt; Tres meses después se convertiría en un reclamo catastrófico impensable en ese 26 de diciembre, si bien hay una frase en el mail en el que se basa esta reseña -enviado a Venezuela apenas llegué a Madrid- que hoy me espanta por su clarividencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A pocas horas de dejar Caracas -la que fuera, tiempo ha, &lt;em&gt;la Sucursal del Cielo-&lt;/em&gt; Madrid pasa aventajada y con honores por el tamiz de mis mezquinas e inevitables comparaciones; tan difíciles de explicar a quienes no han sufrido los rigores de una ciudad superpoblada y sumida en un sobresalto colectivo tras otro, en pleno trópico; y de un país que &lt;em&gt;por ahora&lt;/em&gt;, como Urano, tiene la patética costumbre de desayunarse a sus hijos, sin mediar para con ellos siquiera un digestivo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;br /&gt;Así, Madrid se me antojó una ciudad tersa, sin humo, con atascos de risa; donde cientos de personas -bien vestidas y curiosas de la mirada ajena- caminan alegremente por su centro, envueltas en las luces amarillentas de los escaparates navideños; con mucha joda, poca marcha y algo ingenua; con la justa desorganización como para que no te invada el tedio, y suficientemente mundana como para no sacar en cara y cada tres segundos, que cualquier edificio es más viejo que el descubrimiento. Quizá por esto, la novedad tienen que fabricarla con decorados de mentira, como lo vi en cada uno de los bares y tiendas que visitamos, porque ser nuevo, aquí, es un lujo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Además de alojarnos, gracias a Gabriel contamos con un guía de excepción a través de la Madrid del Oso y el Madroño: plaza mayor, los Jardines del Pardo, Cibeles, Paseo de la Castellana, Recoletos... Chueca, meca y devocionario de Gabriel en nuestros constantes regresos al centro, nos dejó una impresión borrosa de parque temático en bandera heptacromada, donde &lt;em&gt;las niñas ya no quieren ser princesas, y a los niños les da por perseguir...&lt;/em&gt; disneylandia del orgullo en locales con camareros animatrónicos y estalactitas de yeso, que de tanto intentar acaban por convencernos de su cutrez.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sabiendo que nuestro destino final era Barcelona, allí volví a oir, pero esta vez de boca de madrileños auténticos, los prejuicios ancestrales de la metrópoli contra la provincia aventajada. Escribiendo esto, siete meses después, a doscientos metros de la Plaça Catalunya, pienso que las diferencias entre ambas son tan insalvables como imprecisas: pera es pera, manzana es manzana: dos cuñas de palos distintos en los límites del mismo lindero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De pasada, y en la misma conversación -en la corrección de una frase por la inminencia del 31 de diciembre- intuyo en lo que somos diferentes los &lt;em&gt;sudamericas&lt;/em&gt; del europeo: aquí los años no terminan, empieza uno nuevo...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cerca de las cuatro de la mañana del día que continuábamos hacia Barcelona, cruzamos el laberinto de Atocha como rayos bajo una lluvia blanca, que parecía lavar las culpas del continente viejo en el nuevo. Corrimos para alcanzar la mole espectral de Atocha que se alzaba al final de todas las calles. Aunque la curiosidad era siempre la marca principal en los ojos de la gente, nadie preguntó qué les pasa a esos locos mojados, nadie hizo caso de que hacía un grado bajo cero, estábamos empapados y nos reíamos, ajenos. Ni un ratón, ni una cucaracha, ni un solo animalejo se atrevería en semejante noche. Pero aún miro las sombras con recelo... aún creo en el zarpazo del trópico acechando en los rincones... sólo es mi imaginación, haciendo prácticas del juego eterno del instinto de supervivencia, agudizado por vivir en el imperio urbano omniprescente del hamponaje. En resumen: qué distinto y qué parecido a la Caracas de cuando tenía quince años, pero idealizada, sin ladrones ni peligro. El Reina Sofia escurría agua helada por todos lados y el vapor se elevaba de la calle: glacial pero gentil, sin ruido; una exposición de Juan Gris terminaría en enero y sonreí íntimamente en el recuerdo de Becerra y Palacios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tomamos el tren a Moratalaz desde Atocha y el lunes puso cara de certidumbre cotidiana a la gente, en la seguridad que da vivir en un Estado que de tanto funcionar no se nota en lo absoluto... Eran las seis de la madrugada cuando llegamos a Artilleros y las calles estaban solas, ya no llovía... &lt;em&gt;Cada uno en su casa y Dios en la de todos...&lt;/em&gt; Aún faltaría para amanecer,&lt;em&gt; y tanto...&lt;/em&gt; pero cuando lo hizo volvimos a salir. &lt;em&gt;El sol es una estufa de butano, la vida un metro a punto de partir.&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Ya en el bus hacia Barcelona, me despido de Madrid -y de Gabriel- sin remordimientos, agradecido de la hospitalidad de ambos y consciente de que, en todo caso, ambos estarían allí para volver, pero recordando la estrofa final del texto original de la canción de marras, luego cambiada para siempre en un rapto de amor madroñero por la pluma fácil -pero no menos hábil- de Sabina: &lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;em&gt;Cuando la muerte venga a visitarme,&lt;br /&gt;que me lleven al sur donde nací,&lt;br /&gt;aquí no queda sitio para nadie,&lt;br /&gt;pongamos que hablo de Madrid.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;strong&gt;Gabriel, gracias... y saludos a los osos...&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7732418-109213695826437183?l=miltonbcn.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://miltonbcn.blogspot.com/feeds/109213695826437183/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7732418&amp;postID=109213695826437183' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7732418/posts/default/109213695826437183'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7732418/posts/default/109213695826437183'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://miltonbcn.blogspot.com/2004/08/pongamos-que-hablo-de-madrid.html' title='Pongamos que hablo de Madrid'/><author><name>Milton Fermat</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02777042105665652115</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='26' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_Ljb_on0p9jM/R5h-yToiUGI/AAAAAAAAAAM/HOp8epymibw/S220/m_5d72e2a5e8c43bc31c92c62eff964d6c.jpg'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7732418.post-109196584018890741</id><published>2004-08-08T13:46:00.000+02:00</published><updated>2004-08-09T18:06:53.556+02:00</updated><title type='text'>Si vas a Calatayud (II)</title><content type='html'>&lt;div align="left"&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;A&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;ún sonaba en mi cabeza la copla, que convertida en pasodoble preñó en su drama bailes inocentes de los 70'. Atrás quedaba Dolores, aunque sólo para retornar más tarde. Delante un fogonazo estático y ambarino que cubría el horizonte por completo. Zaragoza se anunciaba de lejos. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;&lt;br /&gt;El tránsito por ella, largo y detallado; insiste en su tentación de hundirnos en el Ebro espeso y achocolatado que circula bajo sus puentes. El &lt;em&gt;dejar atrás&lt;/em&gt; que nos acompaña, implacable, también acaba con los últimos vestigios de ciudad grande y vuelve a dejarnos al descampado.&lt;br /&gt;Una luna -blanca, gorda, suculenta- corta el cielo límpido y helado, velando por el reposo del desierto de Los Monegros. Aragón en sofoco gélido y requiebro silente. Dolores regresa, insistente, vuelta una cruz en un cementerio fugaz.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;br /&gt;De la nada, &lt;em&gt;Aire en Sol&lt;/em&gt;, de un Bach perfecto, holográfico y estentoreofónico, inunda todo el bus con su cadencia de procesión barroca, desplazando la copla por un instante. A nuestra izquierda, una pareja de japoneses que sólo habían interrumpido su pose sanforizada para magrearse de forma ocasional, a ratos casi obscena, se ilumina suavemente por un artefacto minúsculo. Bach calla obediente al darle paso a un menú de &lt;em&gt;sushi &lt;/em&gt;recitado en susurros al artilugio. Dos puestos al norte, la encarnación del mal postlactante hace piruetas impunes entre los asientos. Pienso en Herodes sin remordimientos. Gracias a un monólogo cansino, que no tuve más remedio que escuchar -perpetrado por su propia progenitora dominicana a su compañera de viaje: francesa, abotargada y monosilábica; en ese orden- ya me enteraría en kilómetros posteriores de las peripecias del sueco padre del engendro y las bondades del parvulario catalán. &lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;Sólo entonces comprendo porqué la niña de &lt;em&gt;Chucky&lt;/em&gt; -para mí, paradigma insustituible de la multiculturalidad desde entonces- no logra articular frases completas en un mismo idioma, en los descansos necesarios entre acrobacia y acrobacia; quizá hasta justifique su hiperactividad. No lo se... La piedad me inunda...&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;&lt;br /&gt;En mi primer encuentro formal con la realidad de Catalunya, Tarragona y los polígonos industriales que preceden Barcelona se me vuelven una sola cosa de señales con nombres que parecen transcritos de las chácharas de juglares de la edad media; a ratos chispeadas de mar, a ratos mezcladas con sueños, pero siempre en el sobresalto de estar perdiéndome las intrascendencias que se escapan al turista, pero que deben ser la clave de quien busca un nuevo hogar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;Nuestra entrada a Barcelona no puede ser más gradual. La Plaça de Espanya nos saluda con su telón de Monjuïc. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;&lt;br /&gt;Miguel despierta definitivamente en la renovación del reparo, en la excitación de hallarse en la Tierra Prometida más allá del Prat de Llobregat. Yo, más qué decirlo, me siento un papel húmedo, viejo y arrugado, mientras permanezco ausente del Passeig de Gràcia y de nuestra traslación a través de la Gran Vía. Experimento una nostalgia prematura por la comodidad tambaleante que siempre hubo en el caos, los desvelos, los sinsabores y los dolores desquiciantes que envolvieron cada día del año que ya mañana terminaría -y quizá desde mucho antes- debido a la catástrofe inmminente y tantas veces avisada que nos obligó a dejar -en el último momento del naufragio inequívoco, casi tan trágico como el de la Copla de la Dolores- una vida hecha y una familia incondicional -la propia y la lograda a punta de amigos y querencias irrepetibles desde siempre- hacia un país distinto, aunque no del todo ajeno; llevando como único equipaje un amor más allá de todas las consecuencias y la complicidad explícita de quienes tienen un pacto irrenunciable. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;br /&gt;En el atisbo traicionero de haber cometido un error fatal, me reencuentro al fin con la incertidumbre que nos recibe al bajar del bus en la Estaciò del Nord. En mi auxilio, como si quiera redimirme, la última estrofa de &lt;em&gt;"Si vas a Calatayud"&lt;/em&gt; se vuelve presagio en el tormento:&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;em&gt;&lt;br /&gt;Copla que vas dando muerte&lt;br /&gt;¡con el alma te maldigo!,&lt;br /&gt;fuiste dolor de mi madre,&lt;br /&gt;pero no podrás conmigo.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;strong&gt;&lt;br /&gt;Give my regards to Gran Vía...&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7732418-109196584018890741?l=miltonbcn.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://miltonbcn.blogspot.com/feeds/109196584018890741/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7732418&amp;postID=109196584018890741' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7732418/posts/default/109196584018890741'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7732418/posts/default/109196584018890741'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://miltonbcn.blogspot.com/2004/08/si-vas-calatayud-ii.html' title='Si vas a Calatayud (II)'/><author><name>Milton Fermat</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02777042105665652115</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='26' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_Ljb_on0p9jM/R5h-yToiUGI/AAAAAAAAAAM/HOp8epymibw/S220/m_5d72e2a5e8c43bc31c92c62eff964d6c.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7732418.post-109184318804195055</id><published>2004-08-07T03:43:00.000+02:00</published><updated>2004-08-14T17:19:36.810+02:00</updated><title type='text'>Si vas a Calatayud (I)</title><content type='html'>&lt;div align="left"&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;E&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;n docenas de verdes perfectamente planos, la cuadrícula se extiende al horizonte. Atrás quedaron el rastro sangrante de nubes rotas por el sol, que amaneció por debajo de ellas, precedido por un relámpago dorado, lento y espectral. Abajo y por la ventanilla, cristales de hielo, que creciendo a ratos como esporas faceteaban en trozos infinitesimales el ala derecha del avion. Delante, Barajas y la incertidumbre más planificada de mi vida. En voz tranquila el capitán menciona de pasada que la temperatura en Madrid es de menos un grado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Adiós al trópico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De allí en adelante todo quiere suceder en cámara rápida, envuelto en el frío reposado de un invierno manso: Barajas, cola, aduana, &lt;em&gt;muévase, ¿algo qué declarar?, bienvenido a España&lt;/em&gt;, Miguel del otro lado -feliz, sonriente- sonrío, abrazos, Gabriel, más abrazos, Metro, Moratalaz, Gran Vía, Cibeles, Neptuno, Chueca, Atocha, vuelta y revuelta, madroños, osos, diciembre, más frío, lluvia, café &lt;em&gt;-adiós al café-&lt;/em&gt;, iglesias, palacios... Gente... Madrid... Madrid... Madrid... Tres días insólitos que están relatados en otra historia: "&lt;a href="http://miltonbcn.blogspot.com/2004/08/pongamos-que-hablo-de-madrid.html"&gt;&lt;em&gt;Pongamos que hablo de Madrid&lt;/em&gt;&lt;/a&gt;." De pronto, nuestras tres últimas horas en allí bastaron para que la cámara ralentizara su movimiento de vértigo hasta hacerse una instantánea a color a las tres de la tarde.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la inquietud reposada del bus busqué sin éxito la incertidumbre. Fué inútil, se había mudado antes que nosotros. Destino: Barcelona. Propuse no dormirme, a pesar de acusar el estrago de tanta farra. Se van sucediendo restos urbanos desguazados hasta comenzar la subida por las montañas. Migue duerme como bendito, parece haber llegado ya. Para mí, el verdadero viaje apenas comienza. Paisajes desolados, de oveja recién desayunada; intuí que lo primero que echaría en falta con el cambio sería el verdor de mi país: la monótona y apabullante belleza de una vegetación compacta que no te deja respirar. Sin embargo, los eriales no me son extraños; mi padre nació en uno a 8000 kilómetros de distancia: un desierto montañoso veteado de cactus donde la muerte es una celebración de vida, como en el México de celuloide que nos regaló Sergei Eisenstein. No pude reprimir la sonrisa que confirmaba el &lt;em&gt;déjà vu&lt;/em&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Guadalajara, Alcolea del Pinar, Lodares de Medinacelli. El tránsito del largo atardecer cambió los colores de las masías e iglesias de piedra a la vera de la A-2; dejabamos atrás el primer Toro de Osborne: símbolo imponente de la españolidad cañí, impávido y ajeno.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Siguen villas, siguen torreones. Casitas solitarias de sombra larga.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un hombre sube una cuesta. Ese hombre lleva una pena...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y me encuentro con Dolores, en el último suspiro de la tarde, sin aviso, de perfil, con piel de cal, lánguida y perenne.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;&lt;em&gt;"Si vas a Calatayud,&lt;br /&gt;pregunta por la Dolores;&lt;br /&gt;y en ofrenda de mi amor&lt;br /&gt;en su tumba ponle flores.&lt;br /&gt;Ves que te lo pido yo,&lt;br /&gt;la hija de la Dolores!..."&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;&lt;strong&gt;Saludos a la Dolores...&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7732418-109184318804195055?l=miltonbcn.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://miltonbcn.blogspot.com/feeds/109184318804195055/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7732418&amp;postID=109184318804195055' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7732418/posts/default/109184318804195055'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7732418/posts/default/109184318804195055'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://miltonbcn.blogspot.com/2004/08/si-vas-calatayud-i.html' title='Si vas a Calatayud (I)'/><author><name>Milton Fermat</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02777042105665652115</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='26' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_Ljb_on0p9jM/R5h-yToiUGI/AAAAAAAAAAM/HOp8epymibw/S220/m_5d72e2a5e8c43bc31c92c62eff964d6c.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7732418.post-109165026249189808</id><published>2004-08-04T22:05:00.000+02:00</published><updated>2004-08-08T14:22:26.053+02:00</updated><title type='text'>Angelina y Yo</title><content type='html'>&lt;div align="left"&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;P&lt;/span&gt;laça Catalunya está casi desierta. Ocho de la mañana en un domingo fresco, a pesar del vaho de humedad que se levanta después de la limpieza y del sol del estío que parece dar calor al alma, sin prisas pero eficientemente. Vestida de un blanco impoluto y delirante, Angelina se ha fijado que me fijo en ella. La detallo y confirmo: es ella. Sonrío y me devuelve la sonrisa con un mohín agradecido y casi imperceptible tras sus enormes gafas oscuras. Le vuelven a hablar en inglés y la brisa se lleva su respuesta. Uno de sus acompañantes mira el reloj y mira alrededor casi al mismo tiempo, para señalarle luego el Passeig de Gràcia. Tienen el semáforo a favor y les observo caminar despacio, perpendiculares a mí; a diferencia de los otros, Angelina parece levitar sobre la calzada y pienso en ella como el espanto más hermoso del mundo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y sí... allí estaba su tatuaje, puntual en el hombro izquierdo; sólo entonces supe de qué se trataba: &lt;em&gt;"A prayer for the wild at heart, kept in cages", "Una plegaria para el indómito de corazón, encarlcelado"&lt;/em&gt;, me dije, aún en sorpresa, traducciendo instintivamente y en volandas la frase, donde me pareció entrever el genio de Tennessee Williams.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hace tiempo, la fuerza del papel couche me puso su rostro en la memoria, y la catalogué sin mucho protocolo en el sitio reservado al imaginario pelicular colectivo, sección &lt;em&gt;"hollywood" -&gt; "no, como que no"&lt;/em&gt;, del que la rescaté, por un fugaz instante, cuando se volvió una niña interrumpida, con mucho cuidado de no desprenderle la notita de que era hija del vaquero de medianoche.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin embargo, me hubiera gustado estar más cerca. Sólo porque así quizá hubiera podido oler de nuevo el hálito a jazmín y uvas tiernas de las ánimas en pena. Pero no. La intimidad de veinte metros es suficiente, y yo sigo allí, sin hacer caso a la señal que pasa de rojo a verde, siguiéndola con la vista, con mi móvil apagado en la sien en la pantomima -tantas veces eficaz- reservada a las correrías de caza mayor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un momento antes que de su cara quede sólo la cabellera y me dé la espalda para siempre, se quita las gafas y entre curiosa, divertida y extrañada, vuelve a mirarme; esta vez con la misma mirada que le he visto algunas veces y a la que nunca presté atención, quizá porque entonces era sólo un close-up bidimensional, vestido de heroína irreductible, o de niña triste, o de psicópata convencida. Y allí estaban las tres juntas, en una y en persona, con el trazo inconfundible de su boca legendaria, tocándome con sus ojos por encima del asfalto de la barcelonidad recien lavada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entonces, satisfecha de haberme extendido un autógrafo sin pluma, ni papel, en la forma de una rúbrica cariñosa con la curva de sus labios, Angelina Jolie volvio a la búsqueda de su encuentro con Gaudí -ajena a la rima equívoca de los dos apellidos- poco a poco, oyendo y hablando sin dejar de caminar despacio, sin dejar de flotar, hasta ser sólo parte de un grupo cualquiera de turistas en la Barcelona recién despierta.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Saludos a Angelina...&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7732418-109165026249189808?l=miltonbcn.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://miltonbcn.blogspot.com/feeds/109165026249189808/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7732418&amp;postID=109165026249189808' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7732418/posts/default/109165026249189808'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7732418/posts/default/109165026249189808'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://miltonbcn.blogspot.com/2004/08/angelina-y-yo.html' title='Angelina y Yo'/><author><name>Milton Fermat</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02777042105665652115</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='26' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_Ljb_on0p9jM/R5h-yToiUGI/AAAAAAAAAAM/HOp8epymibw/S220/m_5d72e2a5e8c43bc31c92c62eff964d6c.jpg'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7732418.post-109066788131335363</id><published>2004-07-24T12:42:00.000+02:00</published><updated>2004-08-10T17:43:27.523+02:00</updated><title type='text'>Aperitivo con Allioli...</title><content type='html'>&lt;div align="left"&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;&lt;strong&gt;D&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;esde que llegué, en esta suerte de accidentalidad turística que me ha tocado, me propuse escribir una serie de artículos sobre Barcelona, una ciudad que me enfurece y emociona a partes iguales, que terminaré amando en cualquier momento, para siempre y sin previo aviso. Plagada de artefactos urbanos delirantes, de sueños no resueltos, Barcelona, la ciudad Condal, llegó a mí antes de que yo llegara a ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al venir de una ciudad mucho más grande, menos transitable, más escindida, menos amable, más humana, menos acogedora, más vegetal, menos quieta, más estática, con más contrastes evidentes -pero sobre todo mía aunque mal pague- debía evitar el despecho y las diferencias culturales y sólo limitarme a hacer la hoja de ruta de las singularidades, e intentar así retratarla, con sus trucos de relojería, sus engaños y sus verdades, pero sin ningún ánimo objetivo e imparcial, sino más bien en un ejercicio de catarsis subjetiva donde, como debería ser cada vez que intentamos ser consecuentes con nuestras propias emociones, el grito tape el susurro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si bien es cierto que todas las ciudades europeas, en sus ofertas y demandas, tienen algo diferente que las hace iguales, Barcelona tiene el extraño mérito de cabalgar entre todas las del primer mundo sin dejar de ser una villa inmensa, de ser la metrópoli de una república legendaria, aparentemente enteléquica y utópica, pero que se revela en toda su compleja realidad cuando se escarba apenas la superficie y bajo el camuflaje de puntos negros sobre fondo rojo -que se me antoja como el verdadero factor de unidad del reino español- se nota lo lejos que la catalunya está del faralao.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Capital de este mundo aparte y encrucijada del planeta, a primera vista y sin poder evitar la impresión de hallarme en mitad del serial televisivo que marcó las noches penitentes de mi infancia &lt;em&gt;("David Vincent los ha visto...")&lt;/em&gt;, encontré Barcelona habitada por seres que sólo están de paso, alienígenas tan iguales que parecen ser siempre los mismos; tan juntos, tan maravillados: alemanes y japoneses que caminan con un dejo marcial instintivo, en la direccción del rebaño, a través de una cuadrícula perfecta, tratando de retener en instantáneas digitales el recuerdo fugaz de una sensación vacacional; jóvenes franceses, italianos y americanos que mochila al hombro exploran los vericuetos de callejuelas centenarias en la búsqueda del próximo estado de gracia; latinoamericanos que con sus risas en voz alta acompañan el vuelo de decenas de palomas; y españoles de otros lares, que aún hoy les cuesta comprender lo cerca que están de Europa en su propio bienestar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En corto tiempo, pero poco a poco, pude al fin aprender a detectar y separar del montón y uno por uno, los seres que, en uso del derecho propio o por adopción, transitan entre los invasores con la confianza de quien se sabe de memoria cuáles puertas abrir y cuales es mejor ni siquiera mirar. Musulmanes de paso lento y mirada esquiva; asiáticos ausentes de sí mismos desde hace siglos; andinos de sonrisa triste, tatuada de manera indeleble por penurias seculares; europeos orientales inexcrutables que pasarían desapercibidos de no ser por un aire sombrío que gravita intermitente sobre ellos; porteños que sólo sienten haberse mudado de barrio dentro de la Buenos Aires portátil que todos llevan en el corazón; y así...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En un plano diferente pero igualmente diluídos, colocados allí tal vez por gracia divina, los catalanes: evasivos e ingenuos en su sobriedad indómita, definida a trazos cortos y elegantes por su lengua -cuya musicalidad de francachela se me pierde en un lugar entre el tímpano y la tráquea- donde es más fácil ponerse de acuerdo que disentir, y que tiene la ventaja de permitir zanjar cualquier desperfecto en la comunicación entre pares con la elipsis triunfal que define sin lugar a dudas la despreocupación catalana por cualquier complicación terrenal que no tenga que ver con el dinero:&lt;em&gt; "i tant...!"&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero más allá de la exquisita pluralidad de rasgos étnicos, de cien idiomas distintos y mil acentos diferentes, todos los habitantes tenían pintado en el rostro la misma indiferencia de quien está habituado a los tópicos, contrastes y excesos del ombligo del orbe.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por ahora estoy en camino de ser uno de ellos, esquivando cada vez que puedo las trampas verdes de llano y palmera que me pone la nostalgia, y para distrarerla, más para mí mismo que para servir de referencia a otros, dejo este mapa que he confeccionado, en crónicas dispares, a fin de no perderme en la fascinación o el aburrimiento de habitar la urbe mítica del modernismo: Barcelona, la Ciudad Condal.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;&lt;strong&gt;Saludos a los niños...&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7732418-109066788131335363?l=miltonbcn.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7732418/posts/default/109066788131335363'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7732418/posts/default/109066788131335363'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://miltonbcn.blogspot.com/2004/07/aperitivo-con-allioli.html' title='Aperitivo con Allioli...'/><author><name>Milton Fermat</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02777042105665652115</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='26' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_Ljb_on0p9jM/R5h-yToiUGI/AAAAAAAAAAM/HOp8epymibw/S220/m_5d72e2a5e8c43bc31c92c62eff964d6c.jpg'/></author></entry></feed>
